Amazonas
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3 días alucinantes en la Amazonía Peruana.

Tenía muchísimas ganas de escribir este post, porque estos tres días en el Amazonas han sido los mejores de mi vida viajera.

El viaje en bote hasta Muyuna Lodge, sentirte en medio del Amazonas, dormir y despertar con los ruidos de la selva, ver decenas de especies de animales y plantas que pensaba que ni existían, ¡ver anacondas y no morir en el intento!, conocer el maravilloso proyecto sostenible y ecológico que es Muyuna Lodge, nadar en las aguas del Amazonas, verte acribillado por los mosquitos incluso con protección y con ropa tapando todo tu cuerpito… ¡de verdad, es una experiencia totalmente alucinante e inolvidable! (Bueno, sin picaduras gigantes de mosquitos también habría sido una experiencia genial 😊).

DÍA 1. Paseo a pie por la selva. Paseo en bote por el Amazonas al atardecer. Paseo nocturno en bote con sorpresa.

Para llegar a Muyuna Lodge, situado en medio de la Amazonía Peruana, hicimos un pequeño viaje en bote desde Iquitos (de unas tres horitas). Nos pasaron a recoger a nuestro hotel y… ¡ahí comenzó nuestra aventura amazónica!

Antes de llegar, hicimos una paradita de rigor en un poblado y ahí tuvimos la suerte de ver los famosos delfines rosados del Amazonas por primera vez. Sí, has leído bien, vimos ¡¡delfines rosas!!, también conocidos como delfines del Amazonas (muy currado este nombre, sí señor). Esta especie de delfines son originarias del Amazonas y sus afluentes. Como nota preocupante, comentar que la acelerada destrucción de la cuenca del Amazonas los ha puesto en peligro.

A nuestra llegada al Lodge nos asignan una habitación y nos enseñan las instalaciones. Estamos totalmente desconectados, evidentemente no tenemos acceso a Internet y solo podemos cargar los aparatos electrónicos en el salón común, ya que las habitaciones no tienen enchufes.

Cabañas Muyuna Lodge
Cabañas Muyuna Lodge

Después de comer hacemos la primera salida andando por la selva (con hormigas por la tripa de los nervios que teníamos al no saber qué nos íbamos a encontrar). Nos embadurnamos de antimosquitos y seguimos a nuestro guía René, provisto de un machete, eso sí…

Nos quedamos con la boca abierta al ver árboles como la ceiba, y es que una no está acostumbrada a ver árboles de 60 o 70 metros todos días…

Por la tarde cogemos un bote y vamos a ver el atardecer desde el Amazonas, (tachamos este sueño de nuestra lista de sueños pendientes de cumplir, ¡bien!).  

Atardecer en el Amazonas
Atardecer en el Amazonas

Después de cenar, René nos dice que vamos a coger otro bote para dar un paseo nocturno, que no nos asustemos si salta algún pez dentro de la barca, que no son pirañas… y tuvimos que creerle, porque no se veía nada de nada y cuando saltó el primer pez dentro de la embarcación, o te relajabas pensando que era un pez payaso inofensivo o saltabas al agua… y esta última idea no era una buena opción si querías salir con vida del paseo, claro está.

Dejando a un lado a los peces saltarines, el paseo nocturno fue una gozada. Imagínate saberte en medio del Amazonas en una barquita y rodeado de una oscuridad muy muy profunda. Si mirabas hacia arriba, veías millones de estrellas tintineantes (cómo mola la palabra tintineante 😊) y si mirabas a los lados… ¡flipabas con todas las luciérnagas que brillaban a tu alrededor! Bueno, y si pensabas en todos los bichitos que había debajo del bote y tú no veías… ¡tus tripas bailaban una sardana de los nervios! Sobre todo cuando avistamos el primer caimán y cuando René nos señalaba los ojitos rojos que se veían sobre el agua, pprrr.

Contra todo pronóstico, llegamos sanos y salvos a la habitación y os aseguro que no podía pegar ojo de la emoción que sentía al escuchar los ruidos de la selva. Las habitaciones de Muyuna Lodge no tienen paredes como tal, la parte superior de las “paredes” son mosquiteras, por lo que escuchas a la perfección todos los sonidos de los animales selváticos.

¡I-N-C-R-E-Í-B-L-E!

DÍA 2. En busca de la Victoria Regia. Baño en el Amazonas. Paseo nocturno ANDANDO por la selva (hoy ya vamos pisando fuerte).

Según abrí los ojos, me pellizqué a mí misma para cerciorarme que estaba donde estaba y cuál fue mi sorpresa cuando… ¡me dolió! Vamos, que era cierto, estaba en medio del Amazonas tan ricamente.

Saltamos de la cama, desayunamos y comenzamos la aventura de un nuevo día en el paraíso.

Fuimos en bote a buscar la planta flotante más grande del mundo: Victoria Regia o Victoria Amazónica 1.(AP**), y es que aquí no hay nada pequeñito, todo es brutal, o lo más grande del mundo, o lo más exótico del mundo, o lo más “algo” del mundo mundial.

Victoria Regia
Victoria Regia localizada

En este paseo vemos también varios tipos de primates, delfines rosados de nuevo… y antes de llegar al Lodge, René, nuestro querido guía, se baña en el Amazonas y nos invita a acompañarle. Algunos valientes se mojan el cucu en estas aguas, pero yo… he de decir que metí una mano desde el bote y la saqué en décimas de segundo, ¡con todos los bichitos que viven ahí abajo y que además no se ven…! Ni de broma meto ni una uña del pie.

Bañito de Pablo en el Amazonas
Bañito de Pablo en el Amazonas

Comemos y dormimos una siestita reparadora, pooooorque, por la tarde nos vamos a pescar pirañas para cenarlas después (yo personalmente no fui capaz de pescar nada porque no mato ni una mosca), pero todos coincidieron en lo ricas que estaban. Vemos mono ardilla o fraile (AP**), garza cuca (que por esta zona está en su salsa porque es depredadora de pirañas), tuki-tuki, un ave muy pequeñita con unos andares muy graciosos por encima de las plantas acuáticas 😊…

Hasta ahora todo bien, pero cuando aparece René después de la cena y te dice que esta noche el paseo no es en bote sino andando… esa sardana que antes bailaban tus tripas no es nada comparada con el tango que se marcan ahora…. ¿Andando de noche por la selva? ¿Really? Pues sí, nos vamos andandito con René y su machete a la cabeza de la expedición.

Según nos alejamos del lodge, los sonidos de la selva se vuelven más ensordecedores y moooola muchísimo.

El primer animalillo que vemos es una tarántula del tamaño de una mano, con sus pelitos y todo. Sapos gigantescos, un oso perezoso en lo alto de un árbol, serpientes… De nuevo volvemos a la habitación habiendo sobrepasado las expectativas que teníamos puestas en el día.

¡Cuidado con lo que pisas!
No es el demonio personalizado en sapo, es un sapo fotografiado con mucho zoom y con mucho miedo

DÍA 3. Lo único que nos faltaba por ver: ¡anacondas!

Nos levantamos un poco de bajón porque sabemos que hoy nos marchamos de Muyuna Lodge, pero lo que no sabíamos era que precisamente hoy, veríamos anacondas y caimanes muy muy de cerca.

Después de un gran desayuno, René nos pregunta si nos apetece ir en bote a probar suerte, a ver si conseguimos avistar alguna anaconda. Nos quedamos perplejos ante la pregunta, pero todos respondemos: “¡por supuesto!” Creo que en el fondo ninguno pensaba realmente que lograríamos verla, por eso accedimos tan alegremente, jajaja.

Varias horas después de estar viajando en bote por el Amazonas y afluentes, nos adentramos en una zona en la que el agua prácticamente no se veía porque estaba repleta de guamas (plantas acuáticas que flotaban encima). Empezaba a apretar el calor, pero con la emoción no nos dimos ni cuenta.

De repente, René se tumbó bocabajo en el suelo del bote y metió la mano en el agua y de repente también, se puso de pie y vimos… ¡que llevaba una anaconda en la mano! Sí, sí, una anaconda en la mano. Al principio estaba un poco enrollada sobre sí misma, pero cuando se fue estirando, aluciflipamos con su longitud. Pudimos verla durante un minutillo, hasta que intentó morder a nuestro guía y ya la soltó (el animal no sufrió en ningún momento).

Desde la barca pudimos ver muy de cerca caimanes y más anacondas, todos estaban tomando el solecito sobre las guamas.

Guamas sobre el Amazonas
Debajo de todas estas guamas, ¡había agua!

Aún con la emoción en el cuerpo, volvemos a Muyuna, es hora de preparar la mochila, comer y hacer el viaje de vuelta a Iquitos con muuuucha penusqui.

¡Hasta pronto, Muyuna!
¡Hasta pronto, Muyuna!
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